La isla de Madeira alberga el bosque de Laurisilva, un ecosistema que existe desde hace 20 millones de años.
Este patrimonio natural único logró resistir diversas eras geológicas, incluida la Era Glacial, manteniéndose vivo hasta hoy.
Su importancia es tal que es reconocido como uno de los mayores tesoros naturales de la humanidad, un testimonio vivo de la evolución de la flora en el planeta.
