El cronista "Estepilha" observó en un supermercado de Funchal una mesa de autoservicio con restos de comida, lo que consideró una demostración de falta de civismo.
Según el autor, la responsabilidad de limpiar estas mesas recae en el cliente, y el abandono de los restos demuestra falta de respeto hacia los próximos usuarios. Los empleados del supermercado están para reponer productos y realizar limpiezas generales, no para servir en las mesas.
"Estepilha" sugiere que la falta de señalización, con avisos o frases pidiendo la colaboración de los clientes, puede contribuir a este comportamiento. La falta de civismo se considera un reflejo del nivel cultural de una sociedad.



