En 1999, la ciudad de Funchal vivió una importante controversia en torno a la instalación de parquímetros en el centro. En aquel momento, el alcalde, Miguel Albuquerque, defendió la medida como una forma de acabar con el "aparcamiento libre que no interesa a los ciudadanos".
La decisión surgió en un contexto de "oleada de abandono de vehículos en la vía pública" y de ocupación prolongada de plazas gratuitas por parte de empresas de alquiler de coches. Albuquerque enfatizó la necesidad de asegurar la rotación de las plazas de aparcamiento para que los ciudadanos pudieran encontrar dónde estacionar.
En la Asamblea Municipal, se establecieron precios de aparcamiento variados por zona. La justificación dada fue que, o se implementaba un sistema que garantizara la rotación, o las plazas serían ocupadas permanentemente por coches abandonados o de alquiler.