La organización de Mundiales de Fútbol se presenta a menudo con promesas de 'legado', 'desarrollo', 'turismo' y 'empleos', un 'milagro económico' que desaparece después del evento.
Los países anfitriones asumen los costos de estadios caros e infraestructuras, pintados con un barniz de modernidad que oculta deudas y obras a menudo inútiles, mientras la FIFA obtiene beneficios del evento.
El artículo sugiere que en 2026 se demostró que era posible organizar el evento sin construir nuevos estadios, indicando que existía una alternativa pero faltó voluntad para evitar los costos a largo plazo para los contribuyentes.




