La escritura Rongorongo, tallada en tablas de madera en la remota Isla de Pascua, sigue siendo uno de los grandes enigmas sin resolver de la ciencia. Misioneros europeos la registraron por primera vez en el siglo XIX.
Según la UNESCO, las invasiones diezmaron a la población local, lo que probablemente eliminó a los últimos conocedores capaces de leer los símbolos. Solo se conservan unos pocos objetos, repartidos en museos de todo el mundo.
Los investigadores creen que el sistema pudo servir sobre todo para memorizar mitos y genealogías, pero su descifrado exacto no está confirmado.