Cientos de cuerpos están siendo enterrados sin identificación en Venezuela, tras los devastadores terremotos del 24 de junio. Una decisión anunciada el 6 de julio revela no solo una respuesta de emergencia, sino un colapso total del Estado.
En La Guaira, el principal puerto del país se ha convertido en un lugar de enterramiento. Sin refrigeración operativa, los cuerpos se degradan rápidamente, borrando identidades y recuerdos. La tragedia se vio agravada por la muerte del liderazgo local, creando un vacío de mando.
El argumento oficial de "necesidad sanitaria" es también una rendición. Cada cuerpo enterrado sin nombre representa el olvido, dejando a las familias en la incertidumbre. Venezuela está perdiendo a sus muertos dos veces: en la tragedia y en la imposibilidad de identificarlos.




