Un armario de palo de<bos>o, heredado de antepasados, reveló dos objetos que el autor denomina "Viejos Hallazgos". El primero es un huevo de madera, tradicionalmente utilizado por las zurcidoras para reparar prendas de vestir, una técnica que se alinea con la economía de sostenibilidad actual.
El segundo hallazgo es un pequeño objeto de marfil, el furalhó, cuyo nombre deriva de "fura-ilhó" (agujero-ojal). Esta herramienta era esencial en la ejecución del Bordado de Madeira, específicamente para crear ojales, una puntada calada característica. El furalhó formaba los orificios sin dañar tejidos delicados como la gasa u organdí y todavía se usa hoy para perfeccionar la forma de los ojales tras el lavado.