Daniel Lopes, cuyos padres son de Madeira, vio cómo su supermercado familiar, un negocio de décadas en Venezuela, era destruido por un terremoto. El edificio de tres pisos con sótano quedó irremediablemente dañado, con pérdidas estimadas en un millón de dólares.
Lopes cree que la fragilidad del terreno, agravada por años de infiltraciones de aguas residuales, contribuyó a la destrucción al hacer las estructuras vulnerables al temblor. A pesar de la considerable pérdida, se niega a rendirse y promete reconstruir el establecimiento.
El empresario también criticó la respuesta de las autoridades, afirmando que los empresarios y la comunidad portuguesa han sido los principales proveedores de ayuda inmediata a las poblaciones afectadas por el terremoto, lamentando la ausencia del Estado en zonas críticas.




