Durante décadas, los conductores recién licenciados en Portugal se identificaban por la pegatina "huevo frito", un límite de 90 km/h destinado a reducir el riesgo asociado a la inexperiencia. Este sistema reconocía que el aprendizaje de la conducción continúa después del examen práctico, enfrentándose el conductor a situaciones complejas por primera vez.
El modelo fue abandonado en favor de un período probatorio de tres años, con reglas más estrictas y sanciones agravadas por infracciones. El enfoque actual se centra en la responsabilidad individual y la disuasión a través del régimen sancionador, en lugar de una señalización externa.
Los expertos debaten la eficacia de este cambio. La pegatina "huevo frito" alertaba a los demás conductores de la presencia de un conductor inexperto, promoviendo la tolerancia y la anticipación. El sistema actual, invisible en la carretera, plantea interrogantes sobre la percepción del riesgo, especialmente entre los conductores jóvenes, en un contexto donde los accidentes de tráfico son una causa importante de mortalidad.