Madeira ha estado atrayendo a un número creciente de emigrantes jubilados y extranjeros, atraídos por la calidad de vida y el clima templado de la isla.
Sin embargo, este flujo migratorio positivo contrasta con la pérdida de su población joven, que busca oportunidades en otros lugares.
Esta dinámica demográfica presenta un desafío para el futuro económico y social de la región.