Las quemaduras, lesiones resultantes del contacto con calor o frío extremos, sustancias químicas, electricidad o radiaciones, son accidentes frecuentes. Aunque muchas son pequeñas y sin grandes complicaciones, algunas pueden ser incapacitantes o fatales, requiriendo tratamiento precoz y correcto.
Las quemaduras se clasifican en tres niveles de gravedad: superficial (1er grado), caracterizada por enrojecimiento, calor y dolor sin ampollas, afectando solo la epidermis; espesor parcial superficial (2º grado), que alcanza la dermis, puede formar ampollas y tarda más en cicatrizar; y espesor total (3er grado), la más grave, que afecta toda la piel y tejidos subyacentes, con piel rígida y sin dolor debido a la destrucción nerviosa.
Existen también quemaduras térmicas (fuego, líquidos hirviendo, hielo), eléctricas (corriente eléctrica, con puntos de entrada y salida), químicas (ácidos o bases) y por radiación (rayos X, nucleares). Los cuidados básicos incluyen alejar a la víctima de la fuente, retirar la ropa afectada (excepto si está adherida), quitar accesorios y enfriar la quemadura con agua tibia corriente.