Los trabajadores encargados de limpiar los arcenes de las carreteras de Madeira, identificables por sus chalecos de alta visibilidad, operan frecuentemente maquinaria ruidosa y vibratoria sin la protección adecuada.
Las observaciones revelan la falta de protección auditiva, protección ocular, guantes resistentes a cortes, botas reforzadas y mascarillas contra el polvo. La exposición a niveles de ruido de entre 95 y 112 decibelios, muy por encima de los límites legales europeos, puede provocar pérdida auditiva permanente en cuestión de minutos. La vibración de las desbrozadoras y cortabordes presenta riesgos de síndrome de vibración mano-brazo, una afección progresiva e irreversible.
La protección ocular insuficiente expone a los trabajadores a la proyección de escombros, mientras que la inhalación de polvo y gases de escape puede causar problemas respiratorios. El calzado inadecuado en terrenos irregulares aumenta el riesgo de accidentes. Estos peligros están bien documentados en el mantenimiento de carreteras a nivel mundial y requieren equipo de protección individual (EPI) completo, como es habitual en gran parte de Europa Occidental.