En la madrugada del 16 de septiembre de 1732, un rayo alcanzó el polvorín ubicado en la torre del homenaje del castillo de Campo Maior, en el Alto Alentejo. La explosión resultante, seguida de un incendio, devastó gran parte de la villa fronteriza, matando a cientos de personas y destruyendo su núcleo medieval.
Las estimaciones varían entre 200 y 256 muertos y más de 2.000 heridos, con 836 de las 1.076 casas registradas pulverizadas o gravemente dañadas. El castillo y las murallas medievales sufrieron daños significativos, moldeando la configuración urbana visible hoy en día.
La tragedia provocó una rápida intervención de la Corona, con D. João V ordenando la reconstrucción y concediendo diez años de alivio fiscal a la villa para facilitar su recuperación económica y social.