El reciente colapso de la plataforma digital para los Exámenes Nacionales en Portugal ha sido descrito como un "caos digital" que reveló problemas más profundos en la evaluación educativa y la política nacional. Raquel Varela argumenta que la única forma de proteger a profesores y familias sería detener el proceso en lugar de posponerlo o mejorarlo.
La crítica central es que la evaluación no debe reducirse a la medición de competencias, un concepto importado de la era industrial, sino que debe ser un proceso continuo y formativo basado en la confianza entre profesor y alumno. La digitalización excesiva y la transformación de las escuelas en "fábricas de datos" para el trabajo automatizado se consideran perjudiciales para la educación y la subjetividad de alumnos y profesores.




