Una escena reciente observada en Funchal ha traído a la memoria la vibrante atmósfera de los años 60. Una joven, equipada con un sistema de sonido portátil, recordó la época en que los emigrantes regresaban a la isla con radios a pilas.
En aquel entonces, Funchal vivía una transición entre el aislamiento y la modernidad, y las radios simbolizaban una conexión con el mundo exterior. Los puntos de llegada y los lugares de encuentro social de la capital, como el muelle y el corazón comercial de la ciudad, se llenaban de sonidos procedentes de lugares como Venezuela o Sudáfrica, mezclados con ritmos latinos y música popular portuguesa.




