El 17 de agosto de 2000, Diário de Notícias da Madeira informó sobre un informe del Gobierno británico que recomendaba autorizar el uso y clonación de células madre de embriones humanos menores de 14 días.
El objetivo era permitir el desarrollo de tejidos corporales, como la piel, con fines médicos. Sin embargo, el documento prohibía la clonación humana con fines reproductivos y la manipulación genética para la reproducción.
La noticia destacó las expectativas científicas en torno a la clonación terapéutica, inspirada en la oveja Dolly, para tratar enfermedades degenerativas como el Alzheimer y el Parkinson. La propuesta generó un intenso debate ético entre la comunidad científica, parlamentarios, grupos religiosos y organizaciones pro-vida.

