La Rampa do Muro da Coelha, junto al campus universitario, marca el inicio del sitio de Penteada, un lugar que alguna vez fue vibrante. La autora recuerda los adoquines, pulidos por el paso de bueyes y mulas cargados de caña de azúcar y vino.
La escena evoca un camino que ya no existe, pero que vive en la memoria de una infancia feliz. Recuerdos de granjas, una prensa de vino, la tienda de Alexandre (tienda de comestibles, bodega, bar y estanco) y la escuela de Maria do Carmo salpican el recorrido hasta la ciudad. La tienda de Alexandre era un centro comunitario donde se compraban comestibles a crédito y vino por copas, pagados los fines de semana.
Fue una época de escasos recursos pero de abundancia de frutas y verduras, donde nadie pasaba hambre. La agricultura ecológica, utilizando fertilizantes naturales, era una práctica común, produciendo col gallega y ciruelas de albaricoque de calidad excepcional.
Evocar este pasado no es ser pasadista, sino afirmar los beneficios de una vida sencilla y cercana a la Naturaleza. El objetivo inicial, la fuente, se encuentra ahora en ruinas, un vestigio vago e irreconocible, en contraste con la vía rápida que la sobrevuela, símbolo de los cambios traídos por el tiempo y la historia.