El Rallye Vinho da Madeira de 1986 es recordado como una edición histórica, donde los potentes coches del Grupo B dominaron las sinuosas carreteras de montaña de la isla.
Fabrizio Tabaton, al volante de un Lancia Delta S4, ganó la prueba, demostrando la superioridad técnica de los coches del Grupo B a pesar de algunos percances. Carlos Sainz, con un Renault 5 Maxi Turbo, fue el principal opositor, pero la diferencia de potencia fue notoria.
La carrera estuvo marcada por momentos de tensión, incluyendo pinchazos y problemas mecánicos, pero también por un gesto de compañerismo cuando Patrick Snijers ayudó a Carlos Sainz a extinguir un incendio en su coche. Carlos Bica fue el mejor piloto portugués, terminando en quinta posición.