El uso de la tecnología del Videoarbitraje (VAR) en el fútbol ha generado más discusiones y controversias que soluciones, transformando las injusticias en eventos más prolongados y complejos. El reciente partido entre Argentina y Egipto, donde Argentina remontó un 0-2 a un 3-2 en pocos minutos, se convirtió en un foco de teorías e indignación, especialmente tras un gol anulado a Egipto y una presunta falta dudosa.
Las decisiones del VAR, como la anulación del gol de Mostafa Zizo y la no sanción de una posible falta sobre Mohamed Salah, han planteado interrogantes sobre la interpretación y aplicación de la tecnología. A pesar de la afirmación de Lionel Scaloni de que es prácticamente imposible manipular resultados con el VAR, la percepción pública, alimentada por figuras como Mourinho y Shearer, apunta a una falta de claridad y consistencia.
La retirada del árbitro François Letexier de futuras designaciones tras el incidente sugiere una institución que intenta gestionar las consecuencias sin admitir errores. La FIFA no cede a las peticiones en línea, pero el ambiente en torno al fútbol se ha vuelto más escéptico, con cada decisión siendo diseccionada. El VAR no ha traído consenso, sino una nueva forma de discrepar, amplificando el debate y dejando una sensación de sospecha sobre la justicia deportiva, a pesar de las herramientas tecnológicas disponibles.




