En el Antiguo Egipto, los eclipses se comprendían principalmente a través de una visión religiosa y cosmológica del universo. Aunque los egipcios poseían conocimientos astronómicos sofisticados, observando el Sol, la Luna, las estrellas y los planetas, los fenómenos celestes estaban intrínsecamente ligados a la religión, los dioses y el orden cósmico.
El Sol, asociado con el dios Ra, representaba el ciclo diario de muerte y renacimiento, viajando por el inframundo durante la noche. Amenazas como la serpiente Apofis, símbolo del caos, podían asociarse a fenómenos solares extraordinarios, pero no hay evidencia sólida de que cada eclipse se explicara como Apofis devorando el Sol. De manera similar, los eclipses lunares podían considerarse perturbaciones en el orden celestial, sin una explicación mítica única y simplista.
Los egipcios también eran observadores celestes atentos, registrando movimientos solares, fases lunares, estrellas, planetas y ciclos astronómicos para su calendario. Sin embargo, su conocimiento sobre los eclipses parece haber sido más observacional y calendárico que una teoría geométrica desarrollada posteriormente por los griegos.