El manglar de la Ilha da Madeira en Itaguaí, que abarca unas 230 hectáreas, desempeña un papel crucial en la protección de la línea costera y el mantenimiento de la biodiversidad de la Bahía de Sepetiba. A menudo subestimado por su apariencia fangosa, este ecosistema sirve como criadero para la vida marina, albergando peces, crustáceos y moluscos en etapas vitales de sus ciclos de vida.
Los árboles de mangle, adaptados al suelo, poseen raíces aéreas que estabilizan los sedimentos, mitigan la fuerza de las olas y sirven de refugio a pequeños animales, fomentando una alta productividad biológica. Además, el manglar apoya la pesca artesanal y la recolección de mariscos, actividades importantes para la economía y cultura local, y actúa como barrera natural contra la erosión y las mareas intensas.
Bernardo Castello, gerente ambiental de Porto Sudeste, destaca que los manglares también almacenan carbono, lo que convierte su preservación en una estrategia climática relevante. La conservación eficaz requiere la colaboración entre el poder público, las empresas y la población. Porto Sudeste, adyacente a un área de manglar, implementa programas integrales de monitoreo ambiental, incluyendo estudios fitosociológicos, evaluaciones de parámetros físico-químicos del agua y monitoreo de la calidad del aire y del suelo.




