Hace 34 años, la edición del 10 de agosto de 1992 del DIÁRIO informaba sobre un cambio inminente en el modelo de evaluación de la Educación Básica portuguesa. El país se preparaba para adoptar un sistema inspirado en prácticas europeas, con el objetivo de reducir las "repeticiones" tradicionales.
El principal cambio consistía en sustituir las "repetências" (repeticiones de curso) por "retenções" (retenciones), que debían aplicarse de forma "excepcional". El Ministerio de Educación pretendía "suprimir los obstáculos a la progresión o al paso de curso durante la Educación Básica". La medida estaba prevista para entrar en vigor el siguiente año académico, abarcando los 1.º, 2.º, 5.º y 7.º años, y se implementaría en todo el territorio nacional, incluidas las Regiones Autónomas.
Sin embargo, el informe original señalaba dudas existentes en torno a la reforma. Aunque los profesores no se oponían firmemente, las estructuras sindicales y los padres no manifestaban un apoyo declarado, preocupados por la posibilidad de que la progresión continua afectara la calidad de la enseñanza. El nuevo modelo incluía cuatro modalidades de evaluación: formativa, sumativa, aferida y especializada.