La nueva señalética en la Marina de Funchal ha generado descontento debido a la prioridad dada a los idiomas extranjeros sobre el portugués. Esta inversión es vista por algunos como una dilución cultural y una concesión excesiva al turismo, lo que podría disminuir el encanto genuino del lugar.
La lógica comercial detrás de esta elección es la conveniencia para yates y pasajeros de cruceros, que utilizan el inglés como idioma universal. Sin embargo, se argumenta que un buen diseño bilingüe podría dar igual prominencia a ambos idiomas.
La decisión de colocar el portugués en segundo plano se interpreta como el tratamiento del espacio como un resort privado, en lugar de una extensión de la ciudad de Funchal. Se cuestiona la necesidad de regulaciones municipales para proteger el portugués en la señalización pública.




