En la ciudad de Trento, norte de Italia, se celebra una peculiar tradición llamada "Tonca" durante las Feste Vigiliane. Esta ceremonia anual organiza un "servicio público de hidroterapia forzada" para políticos y autoridades que se han distinguido a lo largo del año por decisiones consideradas erróneas o desastrosas.
La práctica incluye un humorístico "Tribunal de Penitencia" donde se presentan al público los "crímenes" de mala gestión. En lugar de multas, la sentencia culmina en un viaje simbólico a las frías aguas del río Adige. Un actor, que representa al político en cuestión, es sumergido tres veces en el río desde una jaula suspendida por una grúa.
Originalmente un castigo medieval para los infractores, la Tonca ha sido reinventada en Trento como una forma de crítica cívica y sátira. La jaula, antaño un instrumento de represión, se ha convertido en un escenario para la crítica humorística, invirtiendo la lógica del poder para satirizar a quienes "gobiernan mal".