El 15 de septiembre de 1835, el buque británico HMS Beagle arribó al archipiélago de Galápagos, en el Océano Pacífico, con el joven naturalista Charles Darwin a bordo. La expedición, que había partido de Inglaterra casi cuatro años antes, ya había recorrido diversas regiones de América del Sur y del Pacífico.
Darwin, entonces con 26 años, observó el paisaje volcánico y la fauna única de las islas, incluyendo tortugas gigantes e iguanas marinas. Las variaciones entre especies similares en diferentes islas, como los pinzones, captaron su atención y fueron fundamentales para el desarrollo de sus ideas evolutivas.
Las observaciones en Galápagos, aunque Darwin aún no había formulado su teoría, fueron cruciales para "El Origen de las Especies". El viaje proporcionó a Darwin un laboratorio natural que cambió para siempre la comprensión humana sobre el origen y la evolución de la vida.