Lanzado en 2010, el Lexus LFA fue una declaración de principios de Toyota, presentándose como un superdeportivo caro, complejo y de producción limitada, fabricado a mano con soluciones técnicas únicas.
Equipado con un motor V10 atmosférico de 4,8 litros desarrollado en colaboración con Yamaha, el LFA ofrecía 560 caballos de potencia y destacaba por su sonido agudo y la necesidad de un panel digital para seguir sus altas revoluciones.
Con una estructura que utilizaba una célula central de fibra de carbono, el LFA fue ensamblado por un equipo selecto de técnicos, produciéndose solo 500 unidades entre 2010 y 2012. Su precio original rondaba los 375.000 euros, pero su valor reside más en su hazaña de ingeniería y ambición tecnológica que en su rentabilidad comercial.