Durante la Segunda Guerra Mundial, el Ejército Imperial japonés realizó experimentos médicos con prisioneros en la Manchuria ocupada. La Unidad 731, dirigida por el microbiólogo Shiro Ishii, desarrolló armas biológicas, recurriendo sobre todo a insectos como vectores de enfermedades, incluidas pulgas infectadas con peste.
Las estimaciones de víctimas chinas varían mucho. Algunos historiadores citan unas 580 000 muertes, mientras otros subrayan que no es posible establecer cifras exactas, ya que las epidemias se mezclaron con la guerra, el hambre y las enfermedades endémicas.
Tras la derrota de Japón, Ishii y varios colaboradores evitaron los procesos por crímenes de guerra a cambio de sus datos experimentales. Solo doce miembros de la red fueron juzgados por los soviéticos en Jabárovsk, en 1949. Varios antiguos integrantes continuaron después carreras en la investigación médica japonesa.